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Mostrando entradas de 2012

Historia de una mente enferma

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Cuando conoció a María Luisa, Antonio sospechó que se perdería con ella. Nunca le había ocurrido eso. Había creído conocer el amor con su primera novia, la sonriente Angélica, cuya voz recordaba a un cascabel navideño, y siempre estaba alegre y juguetona. Era bajita y morocha, con una naricita que fruncía con picardía cuando estaba a punto de soltar un chiste, y era profusa en abrazos y besos. A él le había gustado en la etapa en que descubrió su naricita y sus ojitos que se llenaban de lágrimas tanto por risa como por sensibilidad exacerbada, pero lo enloqueció cuando sus besos se fueron haciendo más apasionados, y su lengua exploraba terrenos en que la boca de él había permanecido virgen. Había algo de enfermo en lo que sentía por Angélica, él lo presentía, pero no pudo detenerse para reflexionarlo y hacer un alto, o entregarse al gozo. Les había encantado al comienzo del noviazgo ir al cine; de hecho, esa había sido su primera cita. "Esplendor en la hierba" fue la primer…

Reflexión de Navidad (see translation into English at the bottom)

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No soy muy religiosa. Pero hay cosas que me siguen poniendo la carne de gallina. Como reflexión de Navidad, les voy a contar lo que me dijo mi hijo pequeño Leandro, de once años, acerca de la "identidad" de Jesús. Ya habíamos conversado acerca de las tres religiones monoteístas del mundo, que, no casualmente, empiezan las tres con el Antiguo Testamento: la judía, la cristiana y la musulmana; las menciono en orden de aparición histórica. Leandro tiene claro que para los musulmanes Jesús es un profeta más, al igual que Mahoma, y que para los judíos fue algo así como un falso profeta. La diferencia, tiene claro él, está en que para los cristianos Jesús no era un profeta más, y menos uno falso, sino el mismísimo Dios hecho hombre... Muchas veces me pregunta si yo lo creo así. Le digo que más o menos, que creo que Jesús fue un excelente filósofo influido por el estoicismo y que trajo al mundo un mensaje que podría salvarlo de su autodestrucción si fuera tomado en serio: un mensa…

Una foto puede contar una historia de siglos

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Una foto. Que no se las voy a mostrar, porque no la saqué; quedó en mi retina. La pantalla de mi laptop, la ventanita del skype, un hombre entrado en años, calvo, sonriendo, acercando un teléfono inalámbrico a la cámara que a la vez debe de tener instalado el micrófono pegado a ella. El resultado es la pantallita del skype, el teléfono en primera plana y el rostro del hombre mayor sonriente en segundo plano. Más atrás, una biblioteca con diversos adornos que no llego a ver bien. Pero no es sólo una foto. Tiene sonido. Por el teléfono, que está en modo altavoz, se oye a un anciano (evidentemente es un anciano, por la voz cascada y un cierto titubeo) que habla en un idioma bárbaro, ancestral, en un tono sentencioso, como si estuviera dictando las normas que deben regir toda una vida. El hombre calvo escucha y se ríe mirando al teléfono y a la cámara. Dice en inglés "Dice que se acuerda de tu abuelo. Fue el que le enseñó a andar en bicicleta". Yo estoy de este lado de la pantal…

El primer recuerdo de todos

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¿Cuál es tu recuerdo más antiguo? 
Mi primer recuerdo cronológicamente localizado es en la vereda, a unos pasos de mi casa, la casa donde nací en el Cerro de Montevideo, frente al colegio de monjas que todavía sigue ahí mismísimo, en la calle Bogotá. La fachada todavía también sigue ahí, pero según me contaron, sólo es la fachada, puesto que al fondo, en su larguísimo terreno que se adentraba en la manzana, se han construido varios apartamentos, por lo que muchas de las cosas que recuerdo con ternura, que tuvieron lugar en el galpón del fondo, los restos del gallinero y bajo la parra, no podrán ser revividos jamás. Pero venía diciendo que mi primer recuerdo era allí, en la vereda, más precisamente frente a la cerca de plantas que trepaban por el tejido de alambre, ocultando la casucha de chapa donde vivía un varoncito que más tarde sería el primero en jugar a ser papá de mis muñecas. El recuerdo viene envuelto en las perpetuas brumas que ha adquirido en su trabajoso viaje a través del …

Los agradecimientos de mi tesis

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Terminé mi tesis de doctorado.
La foto representa mi alegría. No soy capaz de saltar así, pero bueno, ustedes me entienden. Estoy en ese proceso de terminar de entregarla, con todos sus trámites. Y les cuento que una parte muy importante es escribir los agradecimientos. Los escribí con pasión, pensando en cada detalle. Lo irónico es que, si bien es posible que la tesis se publique el año próximo, los agradecimientos no irán en el libro, porque al ser libro dejará de ser tesis, y esas páginas quedarían fuera de lugar. Y de la tesis se hacen unas pocas copias que se pueden contar con los dedos de las manos, para el tribunal, para mí y para la biblioteca de la Universidad de Valencia. Entonces estos agradecimientos se perderán. ¡Con lo que me ha gustado escribirlos!
Por eso se me ocurrió publicarlos aquí. Por lo menos los comparto con alguien más que los miembros del tribunal. Ojalá les gusten a ustedes.



Agradecimientos
No recuerdo cuándo exactamente ni cómo fue la primera vez que vi a cad…

Mujeres de todos los colores - Retrato

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Jacqueline
Este día de vacaciones de julio, anárquico, enmarañado entre los chillidos de los niños que no están en la escuela, hay un personaje nuevo. Carola me la presenta al salir de su taller. Jacqueline. Alta y delgada, elegante y sombría como una princesa egipcia, o al menos como yo me la imagino; lleva sus ojos delineados con dedicación, su pelo largo y crespo recogido atrás en una media cola prolija, las uñas largas y cuidadas, como si tuviera un gran respeto por sí misma. Me mira directamente a los ojos y mira a Carola cuando le dice que sí, que le interesaría venir al taller de escritura. Jacqueline es delicada como una flor de loto, que hunde sus raíces en el cieno pero permanece siempre pura, al decir de Vivekananda. En el recinto de gritos, de madres con niños mocosos prendidos a sus muslos, de chillidos histéricos y olor a puchero, Jacqueline viste como una empleada de banco, se maquilla como quien sale a tomar un café con su mejor amiga, y me cuenta que tiene un solo hijo…

Mujeres de todos los colores - Hermano

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(Si te interesa esta temática, podés leer mis relatos anteriores sobre este taller con mujeres sin techo echando un vistazo a todas las narraciones que se abren debajo de ésta haciendo click aquí

Esta semana (mediados de abril de 2010) tuve que cambiar por motivos de trabajo el horario del taller para los jueves. Por teléfono la coordinadora me dijo que sí y me agendó, pero no se acordó que los jueves tempranito hay otro taller, por lo tanto hoy, la primera vez que voy un jueves, mis mujeres no están, pues han salido con la coordinadora del otro taller a tomar un desayuno juntas.  La que sí está, para mi sorpresa, es Silvana. No la veo desde el año pasado. Ella debería estar haciendo horas extra en su trabajo esta mañana, pero son opcionales y me dice que prefirió no ir. Tampoco participó del taller que en este momento está llevando adelante un desayuno. Me pregunto, desde mi ilusión vana de que hago algo por ellas que no pasa desapercibido, si no se habrá quedado especialmente para…

Mujeres de todos los colores: calle y cárcel

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Primer martes de abril de 2010. Comienza un nuevo año lectivo del taller de narrativa en el refugio para mujeres sin techo. Aquí me encuentro, sentada a la mesa bajita pero amplia de siempre, sobre una sillita para preescolares, mirando a mi alrededor donde los mismos armarios del año pasado soportan libritos de lectura viejos, juegos de caja y útiles de expresión plástica. El techo, altísimo, me entretiene un rato con sus arcos de bovedilla, pero termina dándome dolor de nuca. Estoy pensando en que no vendrán nuevas alumnas este año, y que tendré que irme con las manos vacías, en que el proyecto quedará en la nada y también estas páginas. Pero de pronto el vidrio de mi soledad estática se hace añicos con la entrada de dos mujeres, que se sientan a ambos lados de la mesa; yo me había ubicado en la cabecera, de frente a la gran puerta de dos hojas; ellas se ubican a cada uno de mis lados. La primera en entrar es una jovencita de pelo castaño, muy corto y erizado, como las plumas de un …

¿Quién está en primera base? Conversaciones con mamá.

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Quienes tienen mi edad y más recordarán a los comediantes Abbot y Costello en este episodio en que no pueden ponerse de acuerdo porque los jugadores de baseball de los que hablan se llaman "Who" (quién), "What" (qué) y "I don't know" (no lo sé), por lo tanto la conversación gira y gira sin llegar jamás a buen puerto, ya que cuando uno pregunta "¿Quién está en primera base?" el otro responde "Sí". Les recomiendo que lo miren. No diré que "no tiene desperdicio", porque pasado el tercer o cuarto minuto aburre un poco, pero antes de llegar al tedio, cada palabra es para desternillarse de la risa.

Bueno, resulta que hoy tuve una conversación similar con mamá, y no puedo evitar contarlo aquí.
Es sobre un tema que la tiene preocupada, no importa cuál. Tal vez es eso, la edad y el nerviosismo, una combinación fatal, que provocó la anécdota de la que voy a escribirles.

Resulta ser que la llamé para contarle que una persona (que aq…