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Mostrando entradas de junio, 2011

Golondrinas sin retorno 7

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¿Quieres leer la historia desde el comienzo? Busca en las etiquetas "golondrinas sin retorno" y al hacer click allí, lee las entradas que aparezcan desde abajo, en orden numérico.





Pasaban los meses y Ladislava se sentía crecientemente dominada por una sensación de desacomodo, de desapego, de pertenecer a otro lugar. Las promesas de Antoni habían provocado que cada detalle de su pueblo se convirtiera en ajeno, como algo que sería abandonado a la brevedad, como algo que se sentía desvanecerse al tacto. Tantos años había intentado aprender tantas cosas: cómo abrigar al ganado en el establo en invierno; cómo ordeñar las vacas sin que se volcara el tarro, que tantas veces le había ocurrido y finalmente lo había dominado; a reconocer cuándo las cosechas guardadas por meses en el sótano estaban a punto de echarse a perder y había que cocinarlas inmediatamente; cómo encender eficientemente la cocina a leña, única fuente de calor para toda la casa de madera en el invierno; cómo contr…

De alondras y ruiseñores 3

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Seguimos con el tercer capítulo de la novela. Si quieres leerla desde el comienzo, pincha aquí y comienza a leer por la entrada de más abajo, en orden numérico. Les recuerdo que hasta el último capítulo, Ana se había encontrado con la misteriosa carta para su madre, y se pondría a investigar de qué se trataba. Pero en este capítulo nos detenemos un momento a conocer más a Ana y su vida íntima...
3 Cuando abrió los ojos por segunda vez en la mañana, Fabrizio ya se había ido. Todavía el aire olía a café, pero no tan penetrante como a las ocho de la mañana, cuando habían desayunado juntos. Era sábado. Ana no trabajaba los sábados, y solía dormir hasta el mediodía. Pero una vez cada dos meses Fabrizio venía desde México por quince días y ella pasaba esas noches de viernes y sus correspondientes mañanas de sábado con él en el monoambiente en el Centro que la empresa para la que trabajaba había adquirido como base para que anclara en sus frecuentes viajes. Habían pasado una noche tranquila. Pi…

De alondras y ruiseñores 2

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Les dejo el final del capítulo 2 de la novela, que fue comenzado hace como 15 días.
Si quieres leer la primera parte, pincha aquí. Recuerden que en el último post, Ana llega a la casa de su padre y encuentra la carta que comenzará con la historia. Sigamos...

Ahora, un día después del funeral, Ana llegaba con el corazón sombrío a visitar a su padre y ordenar las cosas de Silvia. Empezó con el buzón, donde encontró varios folletos avisando sobre pizzerías, servicios sanitarios y peluquerías en el barrio, la factura de la electricidad vencida hacía dos días –habría que pagarla con recargo-, la notificación del banco del estado de cuenta, y esa carta. Ana misma la abrió en el ascensor. Dependiendo de lo que fuera, se lo diría a su padre o simplemente la arrojaría a la papelera. Demasiadas cosas sobre las que el viejo tendría que decidir en estos días. Dentro del sobre había una hoja membretada de una imprenta, y era una nota corta y formal, redactada en el más convencional de los estilos, q…

La foto que me sacó la hermana de Fucile (y esas cosas de la vida)

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Esta retrato mío vestida de novia fue tomado por Mónica Fucile, la hermana de Jorge Fucile (sí, él, el que fue parte de esa selección memorable en ese Mundial del 2010, y entre las cosas que no puedo olvidar está que fue él quien ante la pregunta del Loco Abreu antes del penal contra Ghana: "Fuchi, ¿se movió el arquero?", respondió "Sí, Loco, picala, no me rompas los huevos" y gracias a este aliento todos los uruguayos terminamos abrazándonos en las calles...). Fue tomada el 21 de febrero de 1992 en la puerta de mi casa cuando salía para la iglesia a hacer lo que es obvio de acuerdo a la vestimenta que llevaba puesta...
Eran alrededor de las 20 hs de un día en que lloviznaba, pero a fuerza del cambio de hora todavía era pleno día, y los vecinos no habían dejado pasar inadvertido el hecho de que Helena, la vecinita para muchos mayores y la profe de inglés para tantos chicos, salía de la casa en un Mercedes Benz vestida de novia. A pesar de la llovizna, se habían ago…

Juguemos al detective: la revancha.... el desenlace!

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Sin saber cómo (¿qué hora era? ¿dónde estaba?) el despertador sonó junto a mi oreja derecha, y alguien a mi izquierda encendió una luz. Un día de trabajo, nada más que eso. Ninguna redacción fantástica que escribir. Menos mal. Tan sólo enfrentarse a la ciudad gris que despertaba. Quien estaba en el cuarto me dijo, animándome a abrir los ojos: "Voy a hacer la leche, ¿sí?", y pasaba una mano por mis cabellos. Pero no era mi madre. Era Fernando. Y en la mano que me acariciaba brillaba, iluminado por la tenue luz del amanecer, nuestro anillo de bodas.
(El acápite que coronaba este cuento era el siguiente:  
(...) tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú mi floreciente esposo. HOMERO, Ilíada)
Hay dos ganadores, como indiqué, ya que el cuento estaba tan difícil que ameritaba premiar a más de uno que lo averiguara: Sabrina y Francisco. Ellos se dieron cuenta de que Fernando era el esposo. Francisco se dio cuenta de un poco más, de que se trataba de un sueño donde el …

Juguemos al detective: la revancha, llegan refuerzos!!

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Me preocupa que tantas personas entren a mirar la página y haya tan pocos comentarios. Entonces, según el último comentario recibido, de "clausis_88", pensé que tal vez la tarea está muy difícil esta vez (clausis dice que hace dos días que está pensando y no escribe nada porque no se decide por una explicación posible...). Entonces he decidido agregar una ayudita, o dos ayuditas, mejor. Veamos: Aquí abajo está el cuento otra vez, si ya lo leyeron, óbvienlo. Pero más abajo, en otro color, agrego un par de párrafos nuevos. A ver... síganme... al final les voy a dar más pistas... ¿Vamos? Leé todo o acompañame hasta la última parte en color morado... (Dale, dale)

ANTES DEL AMANECER Sentada con la cabeza entre las manos, frente a un papel en blanco y un lápiz, daba vueltas por mi cabeza la atormentada pregunta acerca de quién podría haber sido tan cruel para revivir los días de escuela primaria, imponiéndome aquella tarea sin sentido y que sin embargo no era posible eludir. Escr…