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Obligado y Charrúa VI

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Medianeras En el apartamento 4 vivía, desde nuestra prehistoria, Ramón. Lo vimos desde sus últimos años de galantería hasta una decadencia triste, muy triste. ¿Podré contarlo en apenas unas páginas? ¿Es tan breve, cabe en unos cuantos párrafos, la caída de un hombre desde su dignidad y picardía hasta su último traslado en una silla de ruedas, gritando lo que el enfermero creía desvaríos? El proceso llevó apenas diez años. Un suspiro. Cuatro páginas, lo que me lleva cualquiera de estos relatos. Y da miedo que así sea. Que el fin llegue en un suspiro.
Ramón era un viejo del que podía decirse “pintún”. Alto, bastante delgado, erguido, y de una forma de hablar con cierta autoridad que le daba un aire de sapiencia, aunque no la tuviera. No era un viejo verde, eso seguro. Y era monógamo, además. Porque entraban y salían de su apartamento señoras de más de sesenta años pero siempre se trataba de la misma mujer durante una temporada, aunque cuando ya nos habíamos acostumbrado a la de turno, …

Diario de Rio IV

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Historias viejas para entender historias nuevas. O "no puede ser verdad".  (escrito el jueves 12/10/2017; pasible de ser publicado recién hoy…) El silencio de varios días en este diario se debió por una parte a las actividades académicas, sobre las que no siempre hay algo muy pintoresco que decir, y por otra parte a un viaje de toda la tarde del martes a Niteroi, del que sí hay mucho para contar, pero cuando los acontecimientos son conmovedores por demás es necesario que pase un tiempo para ser capaz de decir algo.
Ahora, a mi regreso, desde el aeropuerto de Galeao, esperando mi vuelo con tiempo de sobra, puedo intentar recuperar ese recorrido.
Niteroi es la antigua capital del estado de Rio de Janeiro, una pequeña ciudad de apenas medio millón de habitantes, cruzando la Bahía de Guanabara, que se comunica con Rio por un puente de varios kilómetros que atraviesa  la Bahía.
¿Qué íbamos a hacer a Niteroi? Es un relato aparte. Un relato que comienza hace ya más de siete años y…

Diario de Rio III

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La cabeza llena de historias
Creo que no voy a llegar a subir hasta el Cristo Redentor. Íbamos a salir hoy temprano con Carmelia pero nos dio pereza; nos quedamos haciendo la sobremesa del desayuno, hablando del origen de las favelas -tan distintas de los cantegriles de Montevideo, ya que éstas comenzaron con los primeros esclavos liberados, y en nuestro caso nunca sucedió eso... por el contrario, nuestro caso es más vergonzoso, porque lo que fue una vez una sociedad bastante equitativa fue expulsando poco a poco a nuestros propios iguales...-; sobre el drama de esas ciudades dentro de la ciudad, donde las familias pobres están a la merced de los traficantes, la policía y los paramilitares, sin saber a quién temer más; sobre el traficante Marcinho VP, que fue asesinado en la cárcel, su cuerpo sepultado bajo sus propios libros, con un mensaje: "Ahora ya no va a leer más"; sobre la comunidad de Dona Marta, famosa por sus casitas de colores... y se nos fue la hora. Y yo me que…

Diario de Rio II

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Pequeños relatos cotidianos El enamorado y el real En una florería donde elegíamos un ramo para la profesora Eliana, que nos invitó a cenar a su casa, entró intempestivamente un estudiante preguntando, como si en esa pregunta se le fuera la vida, si tenían alguna flor que costara como máximo 4 reales. El vendedor le dijo que no, que la más barata costaba 5 reales. El muchacho contó sus monedas muy decepcionado, pero el vendedor le dio las espalda. Carmelia no había llevado la billetera. Me preguntó si yo tenía monedas. Se las di todas. Yo  no las reconozco sin dificultad. No llegaban a un real, pero se aproximaban. Cuando el vendedor entendió que nosotras íbamos efectivamente a darle el dinero, tal vez caló en él la vergüenza, porque le aceptó los 4 reales y le dijo que eligiera una única flor de un grupo. No llegué a ver qué agarró, pero me quedó en la cara la brisa de la puerta que se abrió y cerró a toda velocidad, con la partida del estudiante. Nunca sabremos quién era la persona…

Diario de Rio 1

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Hay que construir este diario, sea como sea
Ya hace 36 horas que estoy en Rio de Janeiro con mi amiga Carmelia. Mientras planificábamos este viaje por Whatsapp, nos dijimos que íbamos a abrir un nuevo blog con el título "Diario de Rio", donde escribiríamos, ella en portugués y yo en español, nuestras impresiones paralelas. Las dos somos escritoras, una brasileña y la otra uruguaya respectivamente, así que el proyecto sonaba de lo más atractivo... (sí, sí, para nosotras) Algo pudimos hacer, mientras no habíamos llegado a destino. Cada una escribió por su lado, y nos lo enviamos mutuamente. Pero al encontrarnos cara a cara, la vorágine de las charlas y los paseos y la planificación de la vida cotidiana se ha llevado todo el tiempo. Apenas podemos escribir. Abrir un nuevo blog, ponernos de acuerdo en las imágenes, colores, y demás, hacen que esta tarea no termine nunca. En realidad, que no comience nunca.  Ahora, medianoche del viernes, Carme ya duerme. No le pude proponer mi …

Obligado y Charrúa V

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Nieves

Se parecía más a la bruja de Blanca Nieves, si es que en cada nombre puede encontrarse un sentido. Y ni remotamente creo que se le ocurriera competir por la belleza ante el espejito.
Para mí fue un impacto conocerla, porque ella supo romper con todas mis expectativas. Yo estaba acostumbrada, a lo largo de mi vida, a que la gente anciana me devolviera ternura por dulzura. Desde el trato con mis abuelos hasta las interacciones ocasionales en la calle, yo había aprendido infaliblemente que si entregaba una sonrisa, una sonrisa recibiría. Ella me mostró que eso no es siempre así.
El día en que la vi por primera vez, estábamos amueblando de a poquito el apartamento, preparándolo para cuando nos mudáramos juntos. Traíamos cada tanto alguna caja llena de vajilla donada por alguna tía que ya no la iba a usar, o una silla o una mesita olvidadas que surgían de algún hogar generoso. El pasillo hasta el apartamento 3 era angosto y larguísimo, media cuadra que recorreríamos varias veces por…

Obligado y Charrúa IV

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Mantras Charly ocupó el otro dormitorio, el que a Gustavo le quedaba libre además del altillo. Se estaba separando de la mujer y no tenía dónde ir. Y como muchísimas cosas en la vida que suceden justo cuando estamos preparados para ellas, Gustavo en ese mismísimo momento andaba buscando con quién compartir los gastos del apartamento.
Charly era negro (¿o debería decir afrodescendiente? Creo que no, porque en 1991 esa palabra ni existía); altísimo y delgado como un junco, con unos rizos hermosos que le caían sobre los hombros; rondaba ya la edad de 30 y algo, casi 10 más que nosotros. Trabajaba, al igual que los dos Gustavos con quienes compartiría vivienda, en el Casmu. Pero mientras los otros dos tenían trabajos que, por atípicos dentro de la institución médica, eran invisibles por decirlo de alguna manera, Charly era un tradicional trabajador de hospital: enfermero.
Poco a poco fuimos descubriendo sobre su estilo de vida. Resultaba que siempre estaba, o bien trabajando, o bien ence…