Juguemos al detective: la revancha.... el desenlace!
Sin saber cómo (¿qué hora era? ¿dónde estaba?) el despertador sonó junto a mi oreja derecha, y alguien a mi izquierda encendió una luz. Un día de trabajo, nada más que eso. Ninguna redacción fantástica que escribir. Menos mal. Tan sólo enfrentarse a la ciudad gris que despertaba. Quien estaba en el cuarto me dijo, animándome a abrir los ojos: "Voy a hacer la leche, ¿sí?", y pasaba una mano por mis cabellos. Pero no era mi madre. Era Fernando. Y en la mano que me acariciaba brillaba, iluminado por la tenue luz del amanecer, nuestro anillo de bodas. (El acápite que coronaba este cuento era el siguiente: (...) tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú mi floreciente esposo. HOMERO, Ilíada) Hay dos ganadores, como indiqué, ya que el cuento estaba tan difícil que ameritaba premiar a más de uno que lo averiguara: Sabrina y Francisco. Ellos se dieron cuenta de que Fernando era el esposo. Francisco se dio cuenta de un poco más, de que se trataba de un sueñ...