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Mostrando entradas de 2026

T.O.C.

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                        Foto de Paweł L.: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-en-escala-de-grises-de-candado-1256911/  Se despertó pensando en un sueño. En el sueño entraba a una vieja confitería bailable junto con Gonzalo. Estaban divorciados, pero lucían jóvenes, como cuando se habían conocido. Subían a la confitería, que quedaba en un piso alto, en un ascensor donde también viajaban dos muchachas. Una de ellas no tiene rostro en el recuerdo. La otra sí. No era ninguna belleza; era apenas una muchacha linda. Lo que llamaba la atención no era su aspecto sino su manera de estar en el mundo. Hablaba mucho, se reía mucho, hacía observaciones a veces bobas y a veces ingeniosas, y parecía completamente inconsciente del efecto que eso podía producir a su alrededor, porque parecía creer que no producía ninguno. Y entonces no intentaba agradar ni destacar. Hacía lo que le salía, nada más. Al llegar, ella percibía el clima de l...

Dosis

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  Es sábado y la casa, tan grande y tan vacía, tiene ese silencio espeso de los fines de semana solitarios, cuando el tiempo parece derretirse sobre los muebles. La luz entra oblicua por la ventana del comedor y cae sobre la mesa donde debería estar trabajando. La computadora abierta, el cursor titilando como un reproche. Pero yo no estoy ahí. Estoy caminando. Camino por la casa con el celular en la mano, como si llevara un vaso de whisky que no puedo apoyar ( no tomo whisky, pero esta escena lo exige). Audio va; audio viene. Dos horas; tal vez más. El reloj dejó de tener importancia hace rato. Desde que lo desbloqueé en WhatsApp, en nombre de la civilización, algo volvió a abrirse como una puerta que yo había clausurado con llave. Por email era distinto. Más lento. Más frío. Más razonable. El correo electrónico no tiene respiración. La voz sí. La voz entra por el oído y baja directo al cuerpo. Escucho el tono, las pausas, ese modo de decir “bueyes perdidos” como si de verdad e...

Policial negro sin cadáver

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  La casa olía a café de ayer y a madera húmeda, recorrida por cucarachas nocturnas que se oían cuando se imponía el silencio. Era una casa donde las cosas no se rompían; solo se quedaban donde las dejabas. Como él. Ella supo la verdad una noche cualquiera. No hubo gritos. No hubo confesiones.  En el cuarto, los niños dormían atravesados sobre la cama matrimonial, ocupándolo todo,  con la televisión murmurando dibujitos azules en la pared. Él estaba parado en la puerta. No entraba. No salía. Miraba. No parecía un hombre enamorado. Parecía un hombre que había tomado una decisión años atrás y todavía la estaba pagando. Ella entendió algo simple; que él nunca se había quedado por ella. Se había quedado por un cuerpo pequeñito ocupando el centro del mundo. Por no ser el tipo que arma una valija y desaparece. Por poder mirarse al espejo sin escupirse. Con ella tenía una vida. Y después, otro hijo; otra estaca clavándolo al suelo. Con la otra, tenía una historia....