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Mostrando las entradas etiquetadas como historias de amor

T.O.C.

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                        Foto de Paweł L.: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-en-escala-de-grises-de-candado-1256911/  Se despertó pensando en un sueño. En el sueño entraba a una vieja confitería bailable junto con Gonzalo. Estaban divorciados, pero lucían jóvenes, como cuando se habían conocido. Subían a la confitería, que quedaba en un piso alto, en un ascensor donde también viajaban dos muchachas. Una de ellas no tiene rostro en el recuerdo. La otra sí. No era ninguna belleza; era apenas una muchacha linda. Lo que llamaba la atención no era su aspecto sino su manera de estar en el mundo. Hablaba mucho, se reía mucho, hacía observaciones a veces bobas y a veces ingeniosas, y parecía completamente inconsciente del efecto que eso podía producir a su alrededor, porque parecía creer que no producía ninguno. Y entonces no intentaba agradar ni destacar. Hacía lo que le salía, nada más. Al llegar, ella percibía el clima de l...

Dosis

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  Es sábado y la casa, tan grande y tan vacía, tiene ese silencio espeso de los fines de semana solitarios, cuando el tiempo parece derretirse sobre los muebles. La luz entra oblicua por la ventana del comedor y cae sobre la mesa donde debería estar trabajando. La computadora abierta, el cursor titilando como un reproche. Pero yo no estoy ahí. Estoy caminando. Camino por la casa con el celular en la mano, como si llevara un vaso de whisky que no puedo apoyar ( no tomo whisky, pero esta escena lo exige). Audio va; audio viene. Dos horas; tal vez más. El reloj dejó de tener importancia hace rato. Desde que lo desbloqueé en WhatsApp, en nombre de la civilización, algo volvió a abrirse como una puerta que yo había clausurado con llave. Por email era distinto. Más lento. Más frío. Más razonable. El correo electrónico no tiene respiración. La voz sí. La voz entra por el oído y baja directo al cuerpo. Escucho el tono, las pausas, ese modo de decir “bueyes perdidos” como si de verdad e...

Policial negro sin cadáver

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  La casa olía a café de ayer y a madera húmeda, recorrida por cucarachas nocturnas que se oían cuando se imponía el silencio. Era una casa donde las cosas no se rompían; solo se quedaban donde las dejabas. Como él. Ella supo la verdad una noche cualquiera. No hubo gritos. No hubo confesiones.  En el cuarto, los niños dormían atravesados sobre la cama matrimonial, ocupándolo todo,  con la televisión murmurando dibujitos azules en la pared. Él estaba parado en la puerta. No entraba. No salía. Miraba. No parecía un hombre enamorado. Parecía un hombre que había tomado una decisión años atrás y todavía la estaba pagando. Ella entendió algo simple; que él nunca se había quedado por ella. Se había quedado por un cuerpo pequeñito ocupando el centro del mundo. Por no ser el tipo que arma una valija y desaparece. Por poder mirarse al espejo sin escupirse. Con ella tenía una vida. Y después, otro hijo; otra estaca clavándolo al suelo. Con la otra, tenía una historia....

La boda

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Carmen Laffón - La novia Fue el 24 de febrero de 1968, exactamente diez meses y una semana antes de que yo abriera mis ojos por primera vez en este mundo. Todavía está el álbum de fotos en casa, todas monocromáticas, prendidas de las páginas de cartulina negra con esquineritos dorados. Ella parecía una princesa con su vestido blanco largo, sus guantes de seda y su diadema de piedritas brillantes, y le agregaba un cierto aire de solemne misterio un velo transparente de tul que la cubría desde la cabeza hasta el pecho. De casi todas las novias se dice que parecen princesas. Esta descripción no es nada original, y de nulo valor literario. Pero permítaseme hacerla porque se trataba de mi mamá, y todas las niñas en algún momento de la vida queremos decir que nuestra mamá era una princesa. No voy a privarme de ese gusto. En las fotos resalta mi abuelo Casimiro llevándola al altar, ya viejo (creo que siempre fue viejo, hasta su muerte veinte años después). Está también el resto de los p...

Encuentros imposibles (y que, sin embargo, sucedieron)

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Algunos de ustedes saben que estoy escribiendo sobre mis ancestros, y sobre mi búsqueda, esa misma búsqueda que me permite escribir sobre ellos.  Esta es la historia de un encuentro que sucedió en febrero de 2013, en que estuve 1 día en el pueblo donde nacieron mis abuelos en Polonia, llamado Zabiele. "Magoya", a quien se hace referencia, no es ningún personaje tanguero. Se trata de mi prima Malgorzata (Margarita en polaco) que me hizo de guía e intérprete durante ese día que marcó un antes y después en mi vida. Le llamo así porque su diminutivo en polaco suena algo así como "Maugoya"; me reí la primera vez que lo dije en casa, todos dijeron "Magoya!" y le quedó, entre nosotros, aunque ella lo sepa pero no entienda jamás. Tendría que nacer de nuevo en el Río de la Plata para entender lo que el apodo que le dimos significa.  Aquí va el relato. Comenzando con una foto del descampado paisaje con el que mis abuelos crecieron, y que para mí fue tan exótico...

Historias tangenciales (a la presentación de un libro) 1

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El 5 de octubre presenté mi segunda novela. No voy a contar lo obvio, como si hiciera una nota de prensa. Quiero contarles cosas que sólo viví yo, y que fueron verdaderamente movilizadoras. Como si fuera, digamos, los entretelones. Empecemos por esta:  EL SEÑOR QUE VINO BUSCANDO A UN FANTASMA Terminada la presentación, yo me encontraba en el hall del Salón Dorado de la Intendencia de Montevideo, firmando primeras páginas de ejemplares del libro, sonriendo tanto que hasta dos días después me dolían los músculos de la cara, bastante aturdida, entreverando nombres y pasando vergüenza si a alguien bastante conocido le tenía que preguntar cómo se llamaba porque la emoción me provocó lagunas. Me ocurre seguido eso. De sentir una importante sensación en el pecho y de pronto olvidar lo que estaba diciendo. En fin, un enjambre de personas, caras sonrientes, mucho amor, claro, muchos abrazos previstos, imaginados y deseados, pero que en ese momento no podía disfrutar del ...

Extraña conversación fuera de tiempo y espacio

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Cuando ella entró en el bar, él ya la estaba esperando, igual que la primera vez. Le costó un poco localizarlo, porque se había dejado la barba y el pelo se le había encenizado de canas. Pero era el único hombre que estaba sentado solo y el único que la miraba fijamente con una semi-sonrisa socarrona en el rostro. Ya no la miraban así. Ella se acomodó instintivamente el pelo detrás de las orejas, como hacía años atrás, cuando aún lo llevaba largo, pero ahora los mechones cortos y rebeldes –las canas, aun bajo la tinta son como viejas empecinadas- volvieron a encresparse como las patillas de un gato. No importa, pensó, qué más da. Se le sentó en frente. Buscó en el aire su penetrante olor a cigarro, pero el tiempo había pasado y ya no dejaban fumar en lugares públicos cerrados. Aquel gesto seductor sobre una taza de café quedaría para otras intimidades, que ellos no volverían a tener. Él le tomó con la punta de los dedos la punta de los dedos de ella. -Ya no te comés las uñas – dijo...

De madres e hijas

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Mi abuela materna, en cuyo honor llevo mi nombre, era lituana de origen. Vivía con mi abuelo, polaco él, en la Villa del Cerro de Montevideo  como la mayoría de los gringos provenientes de Europa del Este . Esta es la historia de su muerte. Perdón si los entrevero entre tanto "mi madre" y "su madre". Es que las historias de las generaciones, al mejor estilo de Esquilo, están imperiosamente entretejidas. María Teresa, mi madre, nunca le perdonó a mi abuela que no se cuidara la salud, yo estoy segura, pero nunca se permitió decírselo a nadie, y a mi abuela, menos. Mi abuela era gordísima, así me lo contó mi madre, y así es evidente en las numerosas fotos con las que me tropezaba cada tanto tiempo cuando aún vivía con mis padres. Era una mujer imponente, con una cara anchísima y cuadrada, con un par de ojos severísimos mirando fijamente a la cámara desde detrás de un par de anteojos, la boca pequeña y rígida, nunca dejaba entrever ni un esbozo de sonrisa. Per...

Terminar de matar a un fantasma

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Yo la quería a mi abuela paterna. La veía como un ángel. Eso me decía mi padre: “es un ángel”, sobre todo porque había logrado salir adelante con mi abuelo, que no era para nada bueno. “Borrachín” al principio de la vida, y con “poca iniciativa de hombre” durante el resto de la vida, es decir, no había sabido poner un negocio, siempre había sido empleado, como carpintero. Ella, por el contrario, había puesto un almacén, y lo había llevado adelante bastante bien para ser una mujer indefensa. (Mucho más tarde en la vida conocí la definición del complejo de Edipo). Yo la quería, aunque alguna vez me hizo “chas chas”. Yo la quería, aunque una vez, yo ya una mujercita, se dejó manipular por mi madre y me salió con un discurso sobre las chicas serias que nunca tendrían relaciones sexuales antes del matrimonio. Igual la quería.  Ella murió el 31 de diciembre de 1996. El día antes yo había estado cumpliendo veintiocho años. Ella tenía Alzheimer, y el día 29 se atragantó con un boc...

Claustrofobia

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El grito - Edvard Munch A veces me encuentro con esa mujer. Porque me da lástima. Me dice alguna gente que hago mal, que no tengo que verla más. Otros me dicen que hago bien, que mi naturaleza compasiva me será alguna vez recompensada. La mujer me da lástima porque vive sola. Vive cerca de mi casa, y por lo tanto no debería costarme tanto trabajo ir a verla. Pero no me hace bien ir a verla. Le llevo unas fotos de mi viaje, y se aburre pronto, frustrando mis ganas de ver las imágenes una vez más, mostrárselas a alguien una vez más. Me interrumpe diciéndome: "Es muy interesante, pero tengo algo más urgente... Tenés que hacerme las cuentas de las facturas que pagué, porque quiero estar segura de que no haber perdido plata en alguna distracción". Le hago las cuentas con la calculadora de mi celular, enternecida porque supongo que a su edad ya se entrevera con las cuentas, y yo soy una especie de "experta" que le presta gratuitamente mis servicios. Eso me hace senti...

Road movie 2014 - al estilo impresionista IV - Demasiado pronto

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Generalmente a las personas se las conoce a lo largo del tiempo. Uno casi ni siquiera piensa en que las está conociendo. Los ve actuar, hacer gestos, hacer chistes o fruncir el ceño, preocupados por algo muy serio pero imperceptible para otras personas (y eso los hace grandiosos), o algo muy trivial (y eso los hace estúpidos), y nos vamos haciendo una idea del carácter. Después, nos  cuentan historias de su vida. Vemos ahí, también sin darnos cuenta, si sus historias se focalizan en señalar “la paja en el ojo ajeno”, o están llenas de compasión y buenos sentimientos. También tendemos a juzgar mejor los actos egoístas de alguien que ha sufrido mucho, si nos da la oportunidad de descubrir su lado vulnerable y ver que en realidad ha sufrido mucho. En fin. Tras unos meses, o tal vez años, uno después de esto puede decir que conoce a una persona. El problema está cuando uno está convencido de que la persona es relevante, quiere conocerla contra viento y marea, y sólo tiene unos ...

Road movie, al estilo impresionista I

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Impresionismo El impresionismo, dicen, aunque yo no sé mucho, busca plasmar pequeños o fugaces momentos de luz que eventualmente podrán formar una imagen más amplia, que vista en su totalidad cobrará un sentido (o no). En estos días caóticos de tanta aglomeración de emociones, sólo me queda representar esos momentos de luz. El sentido vendrá solo, o no vendrá, pero hoy no soy capaz de dárselo por mí misma. Por eso voy a contar nada más que momentos, como centelleos de recuerdos que alguien tiene cuando abre los ojos en una mañana de resaca. Y ustedes le buscarán una unidad, o un sentido (o no). "Prefiero verlo en un ataúd” Hay que tener cuidado con las palabras. En estos días supe que el segundo Jan Modzelewski de la historia, el que nació en 1920 y murió en 1945, no huyó de su pueblo exactamente porque los nazis habían descubierto que formaba parte del ejército de la resistencia polaca, la Armia Krajowa, "Ejército de la Casa" (en el sentido de "home...