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Mostrando las entradas etiquetadas como infancia

A las escondidas en el batallón

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Publicado por primera vez en Semanario Brecha , 7 de abril de 2016. Lo publico aquí nuevamente porque creo que el tema es relevante ahora mismo, y como en la prensa todo corre tan rápido, este relato ha quedado como un artículo del pasado. Ilustración del cuento "El soldadito de plomo" tomada de https://www.guiainfantil.com/articulos/ocio/cuentos-infantiles/el-soldadito-de-plomo-cuentos-para-ninos/ Tuve una infancia rara. Mi familia vivió al margen de la dictadura. Fue en esa época cuando mi padre hizo mucha plata con su pequeña fábrica de artículos sanitarios. No conocíamos a gente desaparecida ni presa. Del tema ni se hablaba. En el año 1977 nos mudamos del Cerro a nuestra nueva casa en las inmediaciones del Prado. Una casa hermosa de dos pisos y balaustres en el balcón. Al mes de haber llegado cumplí 9 años. Era feliz ahí porque en mi cuadra vivían varias niñas de mi edad. Yo era muy tímida, pero cuando lograba relacionarme en la intimidad, siempre generaba grande...

Venganza tardía

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Nunca fui una niña "chuchi". Las "chuchis" de mi escuela, a pesar de la pretendida uniformización del guardapolvos, usaban zapatitos ultra femeninos y se aguantaban las colitas o trenzas con adornos en forma de corazones o frutillas, y eran conscientes de ello. Notaban a la legua que yo era diferente. Jugábamos en ronda a "Yo soy la marinerita", y a mí nunca me elegían, porque nos levantábamos la falda de la túnica y allí quedaba al descubierto la pollera, que en las "chuchis" tenía muchos voladitos y colores, mientras que yo llevaba un shortcito azul marino de gimnasia. No se trataba de pobreza, ni de falta de cuidados de mi madre. Al contrario; era que mi mamá estaba muy comprometida con la practicidad. La ropa linda era para salir, no para ir a la escuela debajo del guardapolvos, donde nadie la veía y, además, se ensuciaba y envejecía. Las colitas tenían que ser unas banditas elásticas que sobresalieran poco, para que no se engancharan con n...

El primer recuerdo de todos

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¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?  Mi primer recuerdo cronológicamente localizado es en la vereda, a unos pasos de mi casa, la casa donde nací en el Cerro de Montevideo, frente al colegio de monjas que todavía sigue ahí mismísimo, en la calle Bogotá. La fachada todavía también sigue ahí, pero según me contaron, sólo es la fachada, puesto que al fondo, en su larguísimo terreno que se adentraba en la manzana, se han construido varios apartamentos, por lo que muchas de las cosas que recuerdo con ternura, que tuvieron lugar en el galpón del fondo, los restos del gallinero y bajo la parra, no podrán ser revividos jamás. Pero venía diciendo que mi primer recuerdo era allí, en la vereda, más precisamente frente a la cerca de plantas que trepaban por el tejido de alambre, ocultando la casucha de chapa donde vivía un varoncito que más tarde sería el primero en jugar a ser papá de mis muñecas. El recuerdo viene envuelto en las perpetuas brumas que ha adquirido en su trabajoso viaje ...

Regalito de Navidad: El mordiscón en la cola de Papá Noel

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Todo el mundo sabe el revuelo que se arma la noche en que Papá Noel llega a visitar las casas de los niños y dejar sus regalos. Más o menos a partir del momento en que empieza a oscurecer, para que no lo vean, viene Papá Noel, con su panza enorme escondida dentro de su traje rojo y su larga barba de algodón, por el cielo, montado en su carro   arrastrado por renos. Por si no lo saben,   los renos son una especie de ciervos, como Bambi, pero con cuernos grandes y muy grueso pelaje, porque viven entre la nieve. Son los mejores compañeros de Papá Noel, puesto que Papá Noel también vive en zonas frías de nuestro planeta Tierra, nadie sabe bien dónde, porque siempre está escondido entre los pinos de blancos bosques nevados. Por eso usa esas ropas gruesas de lana roja, y no se afeita la barba, que cada año está más larga, con el propósito de abrigarse más, aún cuando viene a Uruguay, donde en esa época es verano y los nenes andan vestidos de pantalón corto y las nenas de vestidi...

Hay muertes y muertes

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Mi padre está en una casa de salud desde hace una semana. Hace dos años que está por decisión propia postrado en una cama, negándose a levantarse y a recibir visitas, pero hasta ahora mi madre lo cuidaba, porque él acordaba en levantarse para ir al baño y para comer, y eso hacía su estado bastante raro, pero aceptable. Para mí no, nunca fue aceptable. Dejé de ir a verlo porque cuando le preguntaba por qué estaba en cama, él respondía que porque era infeliz. Entre mi hermano y yo le hemos dado tres nietos, incluso el hijo de mi hermano, que lleva su apellido, fue bautizado con el nombre de nuestro abuelo paterno, como una dinastía que se perpetuase. Pero él seguía siendo infeliz. Para una hija, eso es muy doloroso. Era como ir a visitarlo con un regalo y que él lo tirara al piso. Ir con mis buenas noticias y que él apenas se sonriera y siguiera en la cama con los ojos apagados. Dejé de verlo. No dejé de ir a la casa, a ver a mi madre por la que sentía una gran compasión, pero no entré ...

Serie "cuentos para la escuela", II

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LOS VISITANTES DE SAN LUIS Emiliano sentía un gran misterio respecto al campo. Su abuelo Edi siempre le hablaba del campo, como de las mejores cosas que le habían pasado en la vida. Que había vacas, yuyos, molinos, insectos que con sus ruidos no te dejaban dormir de noche, tomates plantados, ovejas, espantapájaros, hormigas, caballos, tarros de leche. El abuelo Edi siempre le prometía llevarlo al campo un día, pero Emiliano no sabía qué día era ese, y en su impaciencia, que parecían mariposas que le revoloteaban en la barriga, ese día no llegaba. Sobre todo le gustaba imaginarse todos los bichos que en el campo debía haber. Sapos, luciérnagas que jugaban a que eran faros por la noche, lagartijas. Emiliano vive en una casa sin jardín, así que todo ese barullo de bichos se le dibujaba en la imaginación como un enorme misterio. El verano pasado, papá y mamá le anunciaron que habían alquilado una casa en San Luis. “¿Es el campo?”, preguntó Emiliano. “No, es la playa”, contestó mamá. I...

Serie "cuentos para la escuela", I

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Cuando mi hijo Emiliano era chiquito, en jardinera o 1º año de escuela (no recuerdo bien) la maestra circuló en la clase un cuaderno para que cada familia contara allí anécdotas de la vida de cada niño. A mí fue como entregarme atrapada en una red la idea que me había estado revoloteando por la cabeza hacía tiempo, y que no había podido formular... ¡escribir cuentos sobre su vida! ¡Cómo no se me había ocurrido antes! Entonces me puse a redactar. Hice unos pocos, porque pocas veces llegaba el cuaderno a cada familia, pero lo más divertido era que después, en clase, la maestra leía en voz alta lo que los papás del "niño del día" habían escrito. Emiliano siempre salió orgulloso de las lecturas sobre él. Bueno, era un niño, no un crítico literario... Pero me pareció lindo compartir los cuentos aquí. El primero fue, y también será en esta serie, el llamado "Glup". GLUP ¿A qué niño no le gusta imaginar que viaja en avión? Los aviones son una idea que tenemos en la cabe...

Mi hijo y sus conclusiones de lo que yo le cuento...

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Cuando tenía ocho años, mi hijo Emiliano tuvo que escribir para la escuela una redacción sobre sus ancestros. Esto fue lo que escribió, después de preguntarme anécdotas y con mi ayuda para expresarse más claramente. ¡Lo encontré hoy después de años perdido en un cajón! Es divertidísimo, y lo comparto. "Los inmigrantes" de Rodolfo Campodónico Hace muchos años cuando en Europa no había trabajo mis bisabuelos vinieron de Polonia a Uruguay en barco. Les llevaba como un mes llegar. Venían en muchos barcos y no todos juntos. Venían unos un mes y otros otro mes. Los que venían primero iban aprendiendo el idioma español despacio. Porque ellos hablaban polaco y no entendían nuestro idioma. Eran tan despistados que mi bisabuelo una vez cuando se estaba quedando en el Hotel de los Inmigrantes en la Ciudad Vieja salió a caminar y encontró una barraca y por señas preguntó si le podían dar trabajo y le dijeron que sí que viniera mañana. Al otro día fue muy contento a trabajar pero ...

Los sitios que ya no están: otro tipo de fantasmas

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Me obsesiona cuando me entero de que un sitio que fue importante en mi vida ya  no existe. Parece algo trivial, pero si lo pensamos, es una noción fuerte. ¿Cuándo es la "última vez" que pisamos un lugar muy querido? Casi nunca lo sabemos, y cuando miramos hacia atrás en el tiempo decimos "pensar que ése fue el último día que estuve ahí". Estoy segura de que mis abuelos lo supieron. Cuando dijeron adiós en su pueblo de Polonia, a la madre temblorosa y al padre que se sacudía la tierra de las manos para darle un abrazo y desearle que en la América tuvieran una vida mejor que la que ellos podían brindarle ahí, estoy segura de que mientras el carro tirado por caballos se alejaba, con ellos sentados incómodamente sobre la madera opaca y manchada de lluvias, nevadas y soles interminables, junto al baúl con todas sus pertenencias, seguro que miraron hacia atrás hasta que las casitas dejaron de verse, hasta que los últimos árboles lejanos del bosque donde solían esconderse ...

Más mujeres de todos colores y "Tilo"

Si quieres leer acerca de esta experiencia con madres sin techo, pincha aquí . Hoy -me refiero a un día del año 2009- traje un relato de Juana de Ibarbourou llamado Tilo , donde la poetisa uruguaya recuerda con ternura momentos de la infancia con su perro. Les digo que voy a leérselos en voz alta para que nos sirva de inspiración y poder regresar a la niñez, de donde rescatar algunos recuerdos. A Silvana se le endurece el rostro. “Yo no tengo nada que contar”, me dice. “A mí siempre me cagaron a palos, y lo único que yo quiero es que a mis hijos no les pase lo mismo. No tengo intenciones de acordarme de nada, y menos escribir”. Le explico que no es obligatorio, que está claro que ella debió tener un pasado difícil, pero que lo que se espera hacer, justamente, es intentar rescatar algo, como una mascota, un amigo, un momento del día, en que puedan reconectarse con la fantasía que todo niño desarrolla. El rostro de Silvana no se suaviza; moreno, límpido y rebosante de juventud, enmarcad...

La pandilla de la sirena interpretada por niños

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En el año 2007 fui invitada al  Liceo Nº 39 y la UTU “Domingo Arena” para que alumnos de 1º y 2º año que habían estudiado mi cuento en Idioma Español me conocieran e hicieran preguntas acerca de la elaboración de La pandilla de la sirena . (Si recién te enganchás con el blog, te recomiendo que la busques en las etiquetas o en la sección "Relatos y fragmentos"). En un trabajo interdisciplinario, los profesores de Idioma Español y Educación Visual y Plástica se combinaron para que el producto de la interpretación de los chicos fueran dibujos, collages y pinturas de lo que les significaba en su imaginación el cuento. Al final de la clase, pude seleccionar y llevarme algunos. ¡Aquí están mis favoritos! Este dibujo pertenece a Ana Barboza, que en 2007 estaba en 2º de liceo. Me encanta el taller de cerámica llamado "La ñata". Si hacen doble clic sobre las figuras, las pueden ver más grandes. Este es obra de Claudio Rosa, también de 2º año. Obsérvese la chanchi...

La muerta de la casa de ladrillos rojos

Ayer, a raíz de la publicación del cuento La pandilla de la sirena (si quieres leer el cuento para entender mejor este relato pincha aquí ) recibí un mensaje que abrió el túnel que lleva al pasado, ese pasado no olvidado pero archivado en algún lugar polvoriento de la memoria. Como Marcel Proust relata en En busca del tiempo perdido cómo el sabor tibio de la magdalena con té lo retrotrajo al pasado y eso da lugar a una novela de cientos y cientos de páginas, yo ayer volví a acercarme a una niñez intrigante que no es necesariamente la del cuento. Me escribió, les decía, una querida amiga que en realidad conozco porque es la mamá de una querida amiga de mi adolescencia. Sólo ahora, cuando la madurez ya ha borrado ese abismo generacional, puedo considerarme cerca de esta mujer como una amiga más que como "la madre de...". Muestra candente de que, muy a mi pesar, estoy envejeciendo. Les contaba del mensaje que recibí de Ely, que así se llama la autora de mi magdalena con té......

La pandilla de la sirena

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Ese es el título de mi más querido cuento. En el año 2001 el taller de memoria de ex-presas políticas uruguayas  Memoria para armar  abrió una convocatoria para relatos de mujeres que recordaran los tiempos de la dictadura. Yo era una niña durante la dictadura, pero quise participar, y no me faltaba memoria de la que echar mano, ni leyendas urbanas manejadas por gente conocida. Con esas herramientas escribí  La pandilla de la sirena , que fue seleccionado para el segundo libro de Memoria para armar, dedicado a relatos que involucraran de alguna manera niños. Hay relatos de mujeres que eran niñas, adolescentes, madres y abuelas durante esos 12 años oscuros. Uno de esos es el mío, lo cual me llena de orgullo. Incluso nuestra Lucía Topolansky escribió en ese libro. Fue mi primera publicación, y eso le da un aura especial, además de que viene impregnado de recuerdos de mi niñez en el Cerro, mis clases de cerámica, mi vecina-niñera-profesora que me fue arrebatada muy temprano,...