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Mostrando las entradas etiquetadas como Cerro de Montevideo

La boda

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Carmen Laffón - La novia Fue el 24 de febrero de 1968, exactamente diez meses y una semana antes de que yo abriera mis ojos por primera vez en este mundo. Todavía está el álbum de fotos en casa, todas monocromáticas, prendidas de las páginas de cartulina negra con esquineritos dorados. Ella parecía una princesa con su vestido blanco largo, sus guantes de seda y su diadema de piedritas brillantes, y le agregaba un cierto aire de solemne misterio un velo transparente de tul que la cubría desde la cabeza hasta el pecho. De casi todas las novias se dice que parecen princesas. Esta descripción no es nada original, y de nulo valor literario. Pero permítaseme hacerla porque se trataba de mi mamá, y todas las niñas en algún momento de la vida queremos decir que nuestra mamá era una princesa. No voy a privarme de ese gusto. En las fotos resalta mi abuelo Casimiro llevándola al altar, ya viejo (creo que siempre fue viejo, hasta su muerte veinte años después). Está también el resto de los p...

El primer recuerdo de todos

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¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?  Mi primer recuerdo cronológicamente localizado es en la vereda, a unos pasos de mi casa, la casa donde nací en el Cerro de Montevideo, frente al colegio de monjas que todavía sigue ahí mismísimo, en la calle Bogotá. La fachada todavía también sigue ahí, pero según me contaron, sólo es la fachada, puesto que al fondo, en su larguísimo terreno que se adentraba en la manzana, se han construido varios apartamentos, por lo que muchas de las cosas que recuerdo con ternura, que tuvieron lugar en el galpón del fondo, los restos del gallinero y bajo la parra, no podrán ser revividos jamás. Pero venía diciendo que mi primer recuerdo era allí, en la vereda, más precisamente frente a la cerca de plantas que trepaban por el tejido de alambre, ocultando la casucha de chapa donde vivía un varoncito que más tarde sería el primero en jugar a ser papá de mis muñecas. El recuerdo viene envuelto en las perpetuas brumas que ha adquirido en su trabajoso viaje ...

El cementerio del Cerro

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Encontré esta foto en un blog de viajeros. Fue como si no la hubieran tomado con una cámara, como si la hubieran extraído desde detrás de mis ojos, de las imágenes que guardo desde que tengo memoria. Para llegar al nicho de mi familia hay que ingresar al cementerio del Cerro por la entrada que se encamina a la capilla, rodearla, y si uno quiere puede seguir por los senderos marcados o caminar sobre la tierra, entre los panteones. Ese camino me gustaba hacer a mí, para cortar camino y mirar esos lugares con mármol y rejas e inscripciones en letras de bronce, cuando era muy, muy pequeña, y el lugar todavía no me significaba una provocación al miedo. Lo que se ve en esta foto, es lo que mis ojos reconocen como un camino trillado desde el comienzo de mi vida. En el nicho familiar estaba, antes que nadie, mi abuela materna, a quien no conocí. Ella fue quien hizo a mi abuelo ahorrar para comprarlo, porque decía que en la Europa rural que ella conocía, la Lituania de principios de siglo XX, a...

¿CUTCSA O AMDET?

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Hoy la asociación libre me llevó a cualquier recoveco de mi mente. Y miren dónde terminé. Para empezar, en el cuento que viene más abajo, que protagonizó un amigo muy querido de mi madre, Alfredo Stanevicius, que ya no está entre nosotros y que debería ser recordado por tantas cosas pero yo siempre lo recuerdo por esta anécdota. Por otra parte, me vino una nostalgia terrible por los troles... ¿Se acuerdan de que existían? ¡Sí, existieron! Y su empresa característica fue AMDET. Tan parte de nuestra vida eran que en el liceo se corría un chiste, que muchos de ustedes conocerán, que preguntaba: '¿Qué significa la sigla AMDET? "Artigas Murió Desesperado Esperando El Trole" '. No me lo puedo olvidar. Y arranca sonrisas, no me lo pueden negar... Bueno, aquí viene la anécdota del querido amigo de mi madre, que también fue mi dentista...Freddy (Alfredo Stanevicius) y mi madre se conocían desde la niñez, en que bailaban danzas típicas lituanas en el club de la referida colect...

Los sitios que ya no están: otro tipo de fantasmas

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Me obsesiona cuando me entero de que un sitio que fue importante en mi vida ya  no existe. Parece algo trivial, pero si lo pensamos, es una noción fuerte. ¿Cuándo es la "última vez" que pisamos un lugar muy querido? Casi nunca lo sabemos, y cuando miramos hacia atrás en el tiempo decimos "pensar que ése fue el último día que estuve ahí". Estoy segura de que mis abuelos lo supieron. Cuando dijeron adiós en su pueblo de Polonia, a la madre temblorosa y al padre que se sacudía la tierra de las manos para darle un abrazo y desearle que en la América tuvieran una vida mejor que la que ellos podían brindarle ahí, estoy segura de que mientras el carro tirado por caballos se alejaba, con ellos sentados incómodamente sobre la madera opaca y manchada de lluvias, nevadas y soles interminables, junto al baúl con todas sus pertenencias, seguro que miraron hacia atrás hasta que las casitas dejaron de verse, hasta que los últimos árboles lejanos del bosque donde solían esconderse ...

La muerta de la casa de ladrillos rojos

Ayer, a raíz de la publicación del cuento La pandilla de la sirena (si quieres leer el cuento para entender mejor este relato pincha aquí ) recibí un mensaje que abrió el túnel que lleva al pasado, ese pasado no olvidado pero archivado en algún lugar polvoriento de la memoria. Como Marcel Proust relata en En busca del tiempo perdido cómo el sabor tibio de la magdalena con té lo retrotrajo al pasado y eso da lugar a una novela de cientos y cientos de páginas, yo ayer volví a acercarme a una niñez intrigante que no es necesariamente la del cuento. Me escribió, les decía, una querida amiga que en realidad conozco porque es la mamá de una querida amiga de mi adolescencia. Sólo ahora, cuando la madurez ya ha borrado ese abismo generacional, puedo considerarme cerca de esta mujer como una amiga más que como "la madre de...". Muestra candente de que, muy a mi pesar, estoy envejeciendo. Les contaba del mensaje que recibí de Ely, que así se llama la autora de mi magdalena con té......

La pandilla de la sirena

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Ese es el título de mi más querido cuento. En el año 2001 el taller de memoria de ex-presas políticas uruguayas  Memoria para armar  abrió una convocatoria para relatos de mujeres que recordaran los tiempos de la dictadura. Yo era una niña durante la dictadura, pero quise participar, y no me faltaba memoria de la que echar mano, ni leyendas urbanas manejadas por gente conocida. Con esas herramientas escribí  La pandilla de la sirena , que fue seleccionado para el segundo libro de Memoria para armar, dedicado a relatos que involucraran de alguna manera niños. Hay relatos de mujeres que eran niñas, adolescentes, madres y abuelas durante esos 12 años oscuros. Uno de esos es el mío, lo cual me llena de orgullo. Incluso nuestra Lucía Topolansky escribió en ese libro. Fue mi primera publicación, y eso le da un aura especial, además de que viene impregnado de recuerdos de mi niñez en el Cerro, mis clases de cerámica, mi vecina-niñera-profesora que me fue arrebatada muy temprano,...