La vida es sueño IV

System failure (o Se me cayó el sistema)


La foto, en una de las innumerables caminatas por la campiña de Swansea, representa una mezcla entre la euforia y una especie de demencia causada por los hechos que trato de relatar  en este post...

Me comprometí a escribir sobre retratos de personas, aventuras en lugares insólitos y aprendizajes académicos. Y no escribí nada. Cada día me decía a mí misma que hoy de noche sí tendría tiempo de, antes de acostarme, relajarme un rato y poner mis ideas en el teclado, pero nunca pude. Tal vez la explicación de las razones de los diferentes días sirva como un relato atrasado de lo prometido.
Sobre todo, Sue, mi amiga inglesa. He compartido con ella horas y horas de mi vida. Me pregunto con qué otra persona he pasado exactamente quince días sin separarnos, ni día ni noche, más que algunas horas un solo día, y me cuesta pensar en alguien más que no sea un miembro de mi familia y exclusivamente en vacaciones. Porque si bien las personas más cercanas de la familia suelen vivir en la misma casa, es común y esperable que tengan actividades separadas. Pero Sue y yo lo único que hacíamos en privado era ir al baño y dormir…  la mayoría de las veces.
Ella es casi veinte años mayor que yo, y es un terremoto de energía y generosidad. La conocí en un congreso en Estambul en 2010. La mayor parte de las veces, y Sue fue uno de esos casos, mi timidez determina el hecho de que yo no elija a las personas, sino que las personas me elijan a mí. Me pregunto si yo le habré interesado simplemente porque era uruguaya y le pareció exótico lo que le respondía mientras conversábamos sentadas codo a codo en el ómnibus que nos llevaba desde el centro de Estambul hasta la universidad sede del congreso. Podríamos haber viajado en completo silencio, simplemente mirando el paisaje por la ventanilla, pero ella me saludó y comenzó una conversación, que yo todavía no sospechaba que podría traer tantas cosas a mi vida. En esa semana cenamos un par de veces y conversamos de nuestros trabajos; tres años después, ella vino a Buenos Aires y pasó un par de días por Montevideo y durante varios años no volvimos a hablar sobre encontrarnos, hasta el pasado, en que le planteé la idea de visitarla en Swansea, su ciudad en Gales, para aprender de su trabajo, y aquí estoy.
La fuerza de Sue viene, me parece, de su pasión por contar historias. Ella te cuenta algo sencillo como que le intentaron robar la laptop en un tren, y cómo el escándalo que hizo logró que se la devolvieran, pero lo hace de manera que el relato le lleva veinte minutos y te tiene atrapada esperando los detalles del desenlace, que sabe hacer esperar saboreando la narración de cada diálogo y cada gesto.  Su amor por las historias la llevó a trabajar en Filosofía para niños y, más extendidamente, en Comunidad de indagación, que es el tema que compartimos.
Pero lo más interesante de Sue no es la Comunidad de indagación ni sus historias. Es su energía vital, su manera de moverse en el mundo como una locomotora que va de estación en estación sin parar jamás. Me llevó a caminatas de varias horas por los acantilados y las playas de Swansea, subiendo y bajando elevaciones pedregosas y embarradas, y cuando yo creía que para determinado día no teníamos plan alguno, me sorprendía con algo. Bueno, sólo creí que no teníamos plan el primer día que lo pensé. Y también fue el último. Era un día en que no había ninguna actividad en la universidad, y Sue había ido al gimnasio para su clase de pilates, entonces me senté con la compu en una especie de jardín de invierno que tiene al fondo de su casita, dejando que el sol me abrigara mientras miraba las plantas todavía amarillas de este invierno que se va convirtiendo incipientemente en primavera. Y entonces apareció su marido, un señor grande, canoso, atractivo, siempre sonriente como si estuviera muy complacido con cada minuto de su vida, y me preguntó qué planes teníamos para hoy con Sue. “Ninguno”, le dije. Él se rio ruidosamente y me dijo con un gesto enigmático: “Sue ya va a inventar algo…”. Y así fue. No paramos nunca, nunca más, y cuando no había algo determinado que hacer, por las noches me invitaba a mirar con ella la primera temporada de “Crazy Ex Girlfriend”, que ella ya había visto, pero quería convencerme para que yo me enganchara en casa para después comentar. Creo que queda bastante claro por qué no tuve ni un rato para escribir. Cuando llegaba a la cama, estaba “de cama” literalmente.
Pero el título de esta publicación se llama “se me cayó el sistema”. Y no es culpa de Sue necesariamente, sino, creo, por la inmersión demasiado profunda en otro idioma… Digamos que me ahogué! Todo el mundo pensará que vuelvo hablando inglés como una campeona, pero la verdad es que hace unos cinco días empecé a tener una especie de bloqueo, y ya no me salían las palabras, mi pronunciación comenzó a sonar cada vez más hispana, y mi gramática titubeante me obligaba a corregirme todo el tiempo. Podría ser que fuera imaginación mía, que la exposición hiciera que lo externo se naturalizara y lo que escuchaba saliendo de mí misma me pareciera, en comparación, demasiado malo. Pero le pregunté a Sue si le parecía que mi lenguaje había empeorado, y se puso a pensar y dijo: “Puede ser…” Entre otras cosas extrañas que me pasaron, envié un email a una compañera del curso de estos últimos días con el asunto “Story”, que era justamente el tema que nos convocaba, los relatos, y después de darle “enviar” me quedé petrificada mirando la palabra del asunto y un terror me invadió por mi salud mental: “Se lo envié en español!” Pero no, era inglés, me di cuenta casi de inmediato, lo que aumentó mi preocupación por mi salud mental, por supuesto.
En fin. La cosa es que ahora estoy en el aeropuerto de Heathrow, esperando que anuncien la puerta de embarque de mi vuelo a Sao Paulo, y estoy muy contenta de tener este tiempo para sentarme sola, encerrada en mis pensamientos en español, y finalmente poder escribir esto.
Existe gente bilingüe, y trilingüe y más. Y hay gente a la que le encanta viajar. Yo creo que, aunque lo parezca, no soy ni uno ni otro de esos tipos de persona. No hay como la posibilidad de comprar algo sin que te pregunten de qué país venís, o de hacer un chiste mencionando a CUTCSA o a Artigas, y que todo el mundo se ría sin tener que explicar absolutamente nada. No hay lugar como el hogar, sobre todo para arreglar los sistemas caídos. Y para ahí voy ahora.

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